Matilde Menéndez

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  • In: enfermedades | prevención
  • Comentarios desactivados en Afirman que una de cada seis personas sufrirá un ACV

Una de cada seis personas sufrirá un ataque cerebrovascular (o más conocido como ACV). El dato está basado en los resultados de varios estudios científicos que analizaron la incidencia del trastorno en el mundo. Y sirve ahora a los especialistas de la Organización Mundial del ACV para informar lo mucho que se puede hacer para prevenirlo.

“El ataque cerebrovascular no es una consecuencia inevitable del envejecimiento”, aseguró el holandés Freek Verheugt, vocero de la Sociedad Europea de Cardiología. “Al identificar y modificar los factores de riesgo hay oportunidades para reducir la incidencia y la tasa de mortalidad de este trastorno devastador”.

Se sabe que el ACV es la segunda causa de muerte para los mayores de 60 años, y es la quinta causa de muerte entre los de 15 y 50 años. Pero no hay que desanimarse porque hay 6 pasos positivos que se pueden dar:

  1. Conocer y controlar los factores de riesgo: niveles de presión arterial, diabetes, y colesterol.
  2. Realice actividad física regularmente, como caminatas rápidas de 30 minutos.
  3. Controle el sobrepeso y siga una dieta saludable.
  4. Limite el consumo de alcohol.
  5. Deje de fumar.
  6. Aprenda las señales de alerta del ataque cerebrovascular.

Este último paso será útil porque al conocer las señales se podrá identificarlas para concurrir rápido al hospital. “Al ir al médico, más chances hay de sobrevida”, afirmó Pedro Lylyk, presidente de la Asociación Argentina de Ataque Cerebral.

Esas señales son: sentir un lado del cuerpo débil, dormido o paralizado; confusión para hablar o entender; y una pérdida repentina de la visión de un ojo, o si no, ver doble.

Las otras dos señales son la súbita alteración del equilibrio para caminar y el dolor de cabeza severo, repentino e inesperado.

En la ciudad de Buenos Aires, el 34,1% de la población (en base a una encuesta a 603 adultos) desconoce esos síntomas de alerta de ataque cerebrovascular.

Fuente: clarín[dot]com

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Un estudio en cuatro países de medianos y bajos ingresos, incluida la Argentina, revela que las complicaciones de la enfermedad cardiovascular asociada con la aterosclerosis obligan a siete de cada diez pacientes a trabajar menos horas. Y más de la mitad ve reducido su ingreso mensual, incluso aquellos con salarios más altos.

 

Desde esa perspectiva, tener un infarto no es algo que nos podamos permitir así nomás por falta de prevención, en especial en épocas de crisis. Además de reducir la calidad de vida, aun cuando no hayan quedado secuelas evidentes, altera la economía familiar en tan solo meses después de salir del hospital.

 

“Estamos hablando de entre 403 y 1860 pesos, para los niveles de ingresos más bajos y más altos. En una familia con pocos recursos, dejar de contar con 400 pesos es mucho”, señaló el doctor Andrés Pichon-Rivière, director del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).

 

Durante los 15 meses posteriores al alta médica, que fue lo que duró el estudio, del 7 al 13% de los pacientes argentinos no pudo comprar los medicamentos necesarios. Esto prueba que la prevención es clave y, como resumió el otro coautor argentino, también del IECS, “la enfermedad cardiovascular afecta seriamente la economía tanto en forma directa como indirecta”, porque reduce la productividad de la población activa.

 

“Produce un impacto que va mucho más allá de lo físico. Es uno del que nunca se habla ni se ve: el daño que produce la enfermedad en el nivel familiar, económico y social del paciente. Algo así como un cono de sombra que afecta su entorno y cuyas consecuencias pueden ser, por ejemplo, que los hijos tengan que abandonar el colegio para ir a trabajar, que una ama de casa necesite salir a buscar empleo o que la familia tenga que vender una casa o un terreno para afrontar gastos. Es un problema grave, pero no sólo desde lo médico”, sostuvo Pichon-Rivière.

 

Problema a nivel mundial

En el estudio participaron más de 20 investigadores de China, la India, Tanzania y la Argentina. Analizaron las respuestas de 1657 pacientes, de entre 25 y 70 años, que acababan de estar internados en hospitales públicos o privados, con cobertura o sin ella, por síndrome coronario agudo, accidente cerebrovascular (ACV), enfermedad vascular periférica o insuficiencia cardíaca aguda.

 

La internación de los 367 pacientes tratados en La Plata, Mar del Plata y la ciudad de Buenos Aires había durado una semana en promedio, comparado con 12 días en China, por ejemplo. Aunque la muestra local fue pequeña, representa “muy bien” la pirámide de ingresos del país.

 

La aparición de la enfermedad cardiovascular se adelanta de 10 a 15 años en los países en desarrollo. Y “lo mismo sucede con el resto de las enfermedades crónicas”, dijo Pichon-Rivière, profesor de Salud Pública de la UBA y vicepresidente del grupo de investigación de la Federación Mundial del Corazón.

 

Aquí, la enfermedad cardiovascular causa el 34,2% de las muertes y el 12,6% de las discapacidades. El año pasado, otro estudio del IECS mostró que el costo anual de las hospitalizaciones por infarto, angina inestable o ACV es de unos 1600 millones de pesos. “La Argentina siempre tuvo una cobertura alta y amplia, pero a costa de ser ineficiente: se puede acceder a la diálisis o al trasplante renal. Pero, por ejemplo, no se controla la presión o el colesterol. Gastamos mucho, pero mal”, agregó.

 

El informe muestra también que el 5% de las familias con bajos ingresos y el 20% de las familias más acomodadas afrontan un “gasto catastrófico” después de una emergencia cardíaca en la familia: necesitan usar el 40% de los gastos del hogar no destinados a la comida para atender las secuelas. Y no tener cobertura médica cuadruplica el riesgo de tener que afrontar ese gasto, aunque los autores aclaran que la cobertura por sí sola no protege de ese riesgo.

 

 

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar

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  • Comentarios desactivados en Claves para mantenerse activo y lúcido a través de los años

Cualquiera puede entender lo que significa “mantener la lucidez” sin demasiadas explicaciones y, sobre todo, sin demasiadas definiciones de lo que significa. Porque la lucidez -y sobre todo, la posibilidad y el temor de ir perdiéndola conforme avanzan los años de la persona adulta- no tiene un modelo social ni biológicamente establecido: sólo es posible evaluarla en relación con las habilidades que cada uno desarrolló en su juventud.

 

Y por eso, también, los indicadores del deterioro cognitivo -la disminución de las capacidades de moverse, de pensar adecuadamente a la situación, de prestar atención, quizás de comunicarse- van más allá de parámetros clínicos o de códigos sociales: son el malestar, la tristeza, la alteración de la realidad cotidiana, el sentimiento de culpa por no poder manejarse tan independientemente como antes, lo que mide el peso de la vejez en cada persona.

 

Por eso la vejez, aún cuando forma parte de la naturaleza, constituye uno de los grandes temores humanos, y la pregunta sobre cómo llegar a esta edad y transitarla con lucidez es una de las grandes preguntas a las que la medicina y la psicología tratan de aportar respuestas. Una de las respuestas más firmes, según explica el doctor Moisés Schapira, especialista en Gerontología y Medicina Familiar, es que las capacidades perdidas en general no se recuperan, y que por eso es necesario desarrollarlas en la juventud y preservarlas en la edad adulta. Y que hay ejercicios y tratamientos específicos para la preservación de las capacidades cognitivas, aunque no hay estándares universales ni garantías, ya que cada persona es diferente.

 

Capital cognitivo

Desde el sentido común se puede decir que es como el buen pasar económico: conviene desarrollarlo en la juventud para no pasar apremios más adelante, cuando ya es más difícil conseguir lo que nunca se supo cómo. Desde el punto de vista neurológico, las capacidades cognitivas (lenguaje, juicio, inteligencia, atención, ubicación espaciotemporal, memoria, capacidad visoespacial) dependen de la dinámica de las células nerviosas, que establecen entre sí conexiones llamadas sinapsis.

 

“Cuanto más activas se mantengan las capacidades cognitivas durante la juventud, a través de la actividad social e intelectual, del juego y de todo aquello que estimule el ejercicio de la inteligencia y la salud mental, mayores serán las conexiones sinápticas que se establecen, y mayores son las chances de tener una buena capacidad cognitiva a medida que se avance en edad”, señala Schapira.

 

El especialista explica que hay cierta disminución de capacidades que es propia de la senectud, como algunos olvidos o la dificultad para recordar nombres, por ejemplo. ¿Cuándo necesitan tratamiento específico? “Los síntomas dependen de cada persona, así como de la causa del deterioro y de las funciones afectadas”, responde. La amnesia (pérdida de la memoria), la afasia (pérdida del lenguaje) o la dificultad para identificar o reproducir formas (pérdida de la capacidad visoespacial), obedecen a diferentes causas y presentan diferentes posibilidades de tratamiento.

 

Los cambios bruscos en el carácter, un repentino retraimiento o pérdida de la capacidad de socializar, perderse yendo a un sitio conocido y, sobre todo, olvidos en situaciones que antes constituían un hábito (el lugar donde siempre se dejan las llaves, o el nombre de personas del entorno cercano) y pérdida de las habilidades que antes caracterizaban a la persona (no de capacidad física, sino, por ejemplo cocinar, organizarse o manejar la economía doméstica) pueden ser motivo de consulta a un especialista.

 

Pensar hace bien

Lo que con un importante grado de evidencia en la mano piensan hoy los especialistas es que las actividades que ayudan a crear y fortalecer sinapsis coinciden con aquellas que suponen adquirir habilidades nuevas, y son tanto más efectivas cuanto más intervienen en ellas la capacidad lúdica y el placer de llevarlas a cabo. La licenciada Miriam Cohn, jefa de Terapia Ocupacional del centro Hirsch de San Miguel, da algunos ejemplos de ejercicios tales como hacer palabras cruzadas, sopas de letras, sudokus, ejercitar la mano izquierda cuando uno es diestro, estimular las capacidades sensoriales o “ejercitar la memoria con actividades tan simples como no consultar la lista de compras mientras se está en el supermercado y corroborar sólo después”.

 

En el sitio web del Instituto de Mayores y Servicio Social español (INSERSO) se recomienda se recomiendan una serie de ejercicios referidos a las diferentes funciones cognitivas. Para estimular la atención, por ejemplo, se sugieren tareas simples como trabajar con series numéricas concretas, nombres de los meses del año en sentido directo e inverso.

 

La memoria inmediata se estimula con ejercicios de repetición de series, reforzando la memoria reciente con ejercicios cortos que faciliten la fijación y el recuerdo (“me llamo como su hija”) y repetir los ejercicios un tiempo prolongado para mantener la memoria remota.

 

Para mantener el concepto numérico y el cálculo, se resuelven problemas y operaciones aritméticas y juegos numéricos. El razonamiento se estimula mediante ejercicios que trabajen la capacidad de clasificar características de los objetos, mientras que los aspectos del lenguaje y la capacidad visoespacial se ejercitan mediante la escritura, el dictado y el dibujo.

 

El fantasma del “alemán”

La prevalencia del mal de Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa progresiva, se acerca al 11% de la población mayor de 80 años, y a partir de los 65 se duplica cada 5 años el riesgo de padecerla, según datos de la Sociedad Española de Neurología. Es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central que sólo en un 1 a un 5 por ciento de los casos es genética (es decir que en general es muy poco previsible) y no hay tratamientos eficaces contra ella: apenas hay algunos fármacos que en algunos casos pueden retardar el deterioro y hacer que avance más lentamente que en pacientes sin tratamiento, pero es por ahora un terreno con más incertidumbres que seguridades.

 

Sin embargo la posibilidad de deterioro cognitivo severo relacionado con la edad ha quedado demasiado asociada al mal de Alzheimer, cuando hay muchas otras causas de deterioro -las demencias vasculares y el mal de Parkinson entre las más frecuentes-con diferente pronóstico y diferentes posibilidades de tratamiento.

 

Para Schapira, la prevalencia de las demencias vasculares -es decir, como escuela de un ACV o por problemas de irrigación sanguínea en el cerebro- pone de manifiesto la importancia del cuidado integral de la salud cadiovascular en la preservación de la lucidez y la autonomía en la vejez. La hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol alto, el tabaquismo y la falta de actividad física juegan naturalmente en contra.

 

En las personas con demencias vasculares la posibilidad de recuperación reside en la resiliencia de las áreas cerebrales dañadas, señala Cohn: “Depende mucho de la persona y de su caso particular, y en este proceso es fundamental el compromiso del paciente con la tarea que está realizando, porque nosotros podemos guiarlos, pero el noventa por ciento lo ponen ellos”, comenta la terapeuta.

 

Frente a la pérdida de capacidades cognitivas, señala Schapira, “hay mucha oferta pero no existe un tratamiento preventivo cuya eficacia esté suficientemente demostrada, aunque sí es posible que la persona potencie las capacidades que conserva y se adapte a su nueva situación que está viviendo, por lo que la clave se centra en estimular las funciones remanentes”.

 

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar


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