Matilde Menéndez

Posts Tagged ‘cerebro

Según los últimos estudios publicados, las tareas cotidianas, como arreglar el jardín o limpiar la casa, permiten retrasar el deterioro cognitivo natural.

Para aquellos que deseamos mantener el cerebro en forma y saludable en la mediana edad y más allá, últimos descubrimientos científicos ofrecen algo de tranquilidad. La actividad física es clave, aunque los científicos aún no probaron que el ejercicio proteja de ciertas enfermedades, como el Alzheimer. Pero ¿qué sucede con la pérdida de memoria más mundana, que comienza a partir de los 30, y cuando las llaves del automóvil y los nombres empiezan a desvanecerse? No es Alzheimer, pero preocupa.

Varios estudios que acaban de publicarse se ocuparon de esas preguntas. En el más alentador de todos, un equipo de Canadá midió el gasto de energía y funcionamiento cognitivo de un grupo grande de adultos mayores entre 2 y 5 años. La mayoría de los voluntarios no hacía ejercicio y casi ninguno tenía un trabajo muy exigente físicamente. Sus actividades consistían en “caminar alrededor de la cuadra, cocinar, arreglar el jardín, limpiar y ese tipo de tareas”, dijo Laura Middleton, profesora asociada de la Universidad de Waterloo, Ontario, y autora principal del estudio, publicado la semana pasada en Archives of Internal Medicine .

Aun así, para Middleton, los efectos de esas actividades en el cerebro fueron sorprendentes. Mientras los voluntarios sedentarios obtenían resultados cada vez más bajos en los tests anuales de función cognitiva, el grupo más activo sufrió poco deterioro. El 90% de los que más energía gastaban a diario podía razonar y recordar casi igual año tras año.

“Nuestros resultados indican que el ejercicio vigoroso no es necesario” para proteger la mente, dijo Middleton. “Pienso que eso es alentador. Debería inspirar a aquellos a los que les preocupa la sola idea de tener que hacer ejercicio o levantarse y moverse.”

El mismo mensaje surgió de otro estudio publicado la semana pasada en la misma revista. Durante 5 años, se hicieron tests cognitivos y entrevistas sobre las actividades diarias a un grupo de mujeres de 70 años con enfermedad vascular o factores de riesgo de desarrollarla. De nuevo, entre ellas no había maratonistas: la participante más activa caminaba. Pero los investigadores detectaron “una reducción de la velocidad del deterioro cognitivo” en las más activas. La capacidad de recordar y razonar seguía disminuyendo, pero no tan rápido como en las sedentarias.

“Si una persona inactiva de 70 años avanza hacia la demencia a 80 km/h, cuando tenga 75 o 76 lo hará a 120 km/h”, dijo Jae H. Kang, profesor asistente de medicina del Hospital de Brigham y las Mujeres de la Escuela de Medicina de Harvard, y autor principal del estudio. “Pero las mujeres activas de 76 años en nuestro estudio avanzaron hacia la demencia a unos 80 km/h.” Caminar y otras actividades suaves les aseguró 5 años de mejor capacidad cognitiva.

 

Mantener la capacidad mental

“Si pudiéramos alejar la aparición de la demencia 5, 10 o más años, cambiaríamos la dinámica del envejecimiento”, sostuvo el doctor Eric Larson, vicepresidente de investigación del Group Health Research Institute, de Seattle, y autor de un artículo editorial sobre los dos estudios. “Nadie quiere perder su capacidad mental”, agregó. De modo que el creciente cuerpo de pruebas científicas de la relación entre la actividad física y una mejor función cognitiva “es una llamada de atención. Tenemos que encontrar la forma de que todos se muevan”.

Eso es justamente lo que hace tan atractivo un estudio publicado este mes en Neurobiology of Aging. Para aquellos a los que no los enloquece la idea de caminar o arreglar el jardín, un equipo de la Universidad de Columbia Británica y de otras instituciones demostró por primera vez que el entrenamiento suave con pesas mejoró la capacidad de razonar y el flujo sanguíneo de un grupo de mujeres.

Tras 12 meses de levantar pesas dos veces por semana, las participantes rendían significativamente mejor en las pruebas de capacidad de procesamiento mental que un grupo (control) de mujeres que habían realizado un programa para mejorar el equilibrio y el tono muscular. Imágenes por resonancia magnética funcional revelaron que las zonas del cerebro que controlan el pensamiento permanecían más activas en el grupo que había hecho pesas.

“No estamos tratando demostrar que levantar pesas es mejor que la actividad aeróbica” para retrasar el deterioro cognitivo, indicó Teresa Liu-Ambrose, autora principal del estudio. “Pero sí que existe una opción viable. Si las personas la disfrutan, como lo hicieron nuestras participantes, entonces muchos más podríamos, potencialmente, retrasar el deterioro mental hasta mucho más avanzada la vida.”

 

 

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar

Anuncios

Las nuevas tecnologías podrían estar modificando nuestra forma de recordar. Recientemente se descubrió que el cerebro usa la Web como almacén de datos.

Los psicólogos ya lo llaman el “efecto Google “: la alteración en el proceso de aprendizaje y en el desarrollo que se produce cuando una persona -niño, joven o adulto- tiene a golpe de clic las nuevas tecnologías. Si ya hubo que hacer un esfuerzo hace 40 años para explicar que saber multiplicar seguía siendo útil, aunque existieran calculadoras, ahora la memoria humana es la siguiente capacidad en riesgo de caer en desuso. ¿Para qué aprender los nombres de las capitales del mundo si Internet las da en milésimas de segundo?

Cuatro experimentos que acaban de publicarse en la revista especializada Science demuestran que las personas están utilizando Internet como una extensión de la propia memoria. En el estudio, los voluntarios tenían que prestar atención a una serie de curiosidades, como que el ojo de las ostras es mayor que su cerebro. Al escucharlas, un grupo podía guardar los datos en un archivo de computadora o recibía la información de que iban a ser borrados. Luego se les preguntaba qué recordaban.

El resultado fue contundente: los que creían que iban a poder consultar con la computadora no se tomaron la molestia de aprenderse los datos, y los que pensaban que la información se borraría se acordaban mejor.

Con las nuevas tecnologías, la capacidad de memorizar se va perdiendo. “Los estudiantes usan Internet como una memoria externa”, afirma Betsy Sparrow, una de las autoras del trabajo. “Pero ¿es malo? Yo creo que no”, agrega Roddy Roediger, de la Universidad de Washington en San Luis.

Bueno o malo, el cambio es notorio. El impacto de Internet en nuestra manera de aprender es bueno y malo a la vez. La psicóloga clínica Beatriz Azagra lo explica así: “Las nuevas tecnologías sirven para que los alumnos se interesen por otras cosas. Las presenta de una manera más atractiva – afirma esta profesora de la Universidad Complutense de Madrid-. Pero a veces eso va en detrimento del esfuerzo.”

“Las nuevas tecnologías son un buen soporte del proceso de aprendizaje -admite Azagra-, pero no se puede sustituir la relación con el profesor.” La especialista agrega que a veces hay tantos estímulos que el niño se confunde. “Es importante no perder el valor de la palabra. A veces, los niños y los que no lo son tanto están tan acostumbrados a encontrar todo en Internet que a la hora de expresar un conflicto no saben hacerlo”, afirma.

Lo que está claro es que las nuevas tecnologías afectan aspectos del aprendizaje y el comportamiento. Por ejemplo, la psicóloga clínica Esther Legorgeu indica cuatro en los que ella cree que se está produciendo un perjuicio. “El interés por los textos escritos y la capacidad de comprensión están empeorando”, afirma. También declara: “La capacidad de imaginación está disminuyendo. Más que inventar, lo que ahora se hace es planificar la búsqueda de la información. Al leer en papel, hay que relacionar lo escrito con lo que se sabe. Ahora, esas relaciones están en la pantalla”.

Mucha internet, poco esfuerzo

Esta situación implica una segunda merma: el decrecimiento del esfuerzo mental. “En todo proceso de aprendizaje, hay dos tipos de memoria: la de trabajo, que se usa para obtener datos con los que razonar y obtener conclusiones, y otra de largo plazo, en la que almacenamos conceptos por si en un futuro nos son útiles -dice la psicóloga-. Ahora almacenamos menos. Es parecido a lo que pasó con el cálculo mental cuando llegaron las calculadoras”, explica.

Un tercer aspecto perjudicado es la atención a lo verbal. “Los alumnos encuentran la exposición oral menos interesante porque es menos interactiva”, afirma Legorgeu. Esto tiene un impacto claro en la enseñanza: “Los profesores lo tienen más difícil, porque niños y adolescentes están sobreestimulados”.

Pero no todo es negativo. La psicóloga cree que las nuevas tecnologías fomentan el autoaprendizaje. “Cuando alguien está motivado, le cuesta menos profundizar y se aprovecha una información más global”, indica. También se desarrolla la memoria visual.

Cambio de hábitos

Lo que está claro es que la incorporación masiva de estas nuevas tecnologías supone un esfuerzo de adaptación. “El teléfono o las calculadoras supusieron un salto tremendo, un cambio de hábitos, pero no en el ser de la persona”, concluye el psicobiólogo de la Universidad de Educación a Distancia Ricardo Pellón.

Al disponer de nuevos recursos, el ser humano, vago por naturaleza, puede abandonar habilidades y eso se refleja en el cerebro.

Como explica el jefe de Neuroimágenes de la Fundación Centro de Investigación en Enfermedades Neurológicas (CIEN), Juan Alvarez-Linera, la clave de todo este asunto está en la plasticidad del cerebro, demostrada por las imágenes de resonancia magnética funcional. “El cerebro es como una computadora muy compleja, que puede estar cambiando continuamente el software”, afirma Alvarez-Linera. Esto se traduce en que cambian las conexiones neuronales. “Con un entrenamiento intensivo es como si se estuviera actualizando continuamente el software”, agrega.

Todo esto tiene un impacto en la vida cotidiana. “Desde que llegaron los teléfonos móviles, ya nadie se acuerda del número de teléfono de nadie -pone como ejemplo Alvarez-Linera-. Y esa falta de entrenamiento específico tiene su efecto en la memoria, aunque no tiene por qué ser necesariamente negativo, porque esa pérdida se compensa con la memoria para saber dónde y cómo los tenemos que ir a buscar”, indica.

En el caso de los niños o los adolescentes, el impacto es, si cabe, aún mayor. “Un chico de 15 años maneja mucha más información hoy día que uno de su misma edad de hace 50. Y para eso tiene que desarrollar otro tipo de habilidades que también implican a la memoria, como es la gestión de la información (más que saberlo todo, saber cómo acceder de forma rápida y eficiente a los datos)”, explica Alvarez-Linera.

Darle vida al cerebro

Esta situación descripta se vincula con el llamado “efecto Google” y su impacto sobre la memoria de las nuevas tecnologías. “Obviamente hay cosas que ganar y otras que perder”. Lo que hay que hacer, entonces, es tomar medidas para que los beneficios sean superiores a los perjuicios. Para ello, la primera recomendación del neurorradiólogo es “mantener en forma el cerebro. No es bueno dedicarse a tareas monótonas, lo mejor es tener una actividad cerebral variada”, afirma.

Esto incluye trabajar otros tipos de memoria, como la de procedimientos y no olvidar el ejercicio físico, que sabemos que contribuye a mejorar las conexiones cerebrales. “Hay actividades, como el golf o la música, que funcionan bien, porque aparte del ejercicio físico hay que acordarse de las posturas, los movimientos”.

Al final, Álvarez-Linera resume que, independientemente del uso de las tecnologías o no, lo que hay que hacer es “darle vida al cerebro”.

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar

La Agencia Internacional de Investigación en Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó los campos de radiofrecuencia electromagnéticos que emiten los celulares como potenciales causantes de cáncer de cerebro. En todo el mundo 5000 millones de personas usan teléfonos celulares.

La nueva clasificación, que surge de una comisión de expertos que analizó la evidencia científica disponible, coloca al celular en el incómodo Grupo 2B, de elementos “posiblemente” cancerígenos de la OMS, según informa el Diario La Nación. Justo entre el Grupo 1, donde está el tabaco, que ha demostrado causar cáncer, y el Grupo 3, donde se ubican los que han demostrado no causarlo, ha sido colocado el teléfono celular. La categoría incluye cosas tan disímiles como el café, el DDT (veneno), el AZT (droga contra el VIH/sida) y el trabajar en la industria textil.

El celular podría causar cáncer de cerebro, pero eso deberá ser demostrado en el futuro con estudios sólidos y profundos que permitan confimar o descartar lo que por ahora no pasa de ser una hipótesis sustentada en evidencias científicas limitadas e insuficientes, que todavía son objeto de debate.

“Hasta que esté disponible mayor información, es importante tomar medidas pragmáticas para reducir la exposición, como el uso de los dispositivos de manos libres o los mensajes de texto -dijo el doctor Christopher Wild, director de la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC, según sus siglas en inglés)-.”

El doctor Alejandro Muggeri, del Servicio de Neurooncología de Fleni, comentó al Diario La Nación que “Respetar una distancia mínima entre el celular y el oído (no apoyar el teléfono sobre la cabeza) al hablar es algo que incluso aparece sugerido en los manuales que acompañan los teléfonos”. Hasta que no haya evidencia categórica, el especialista aconseja llevar el celular lo menos pegado al cuerpo y que no lo usen los chicos, cuyo cerebro está en formación y por lo tanto sería más susceptible.

 

Principio de precaución

La clasificación de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de los teléfonos móviles dentro del Grupo 2B de “posibles carcinogénicos en humanos” surge de un análisis de cientos de estudios que será publicado el 1° de julio en la revista The Lancet Oncology .

Uno de esos estudios, citado en el informe de la IARC, halló un incremento del 40% de gliomas en las personas que utilizaron el celular media hora al día durante 10 años. “Los gliomas son tumores que se originan en las células gliales, que son las que dan soporte a las neuronas -precisó Muggeri-. Si bien su incidencia se incrementó en los últimos años, no lo ha hecho en forma significativa.”

Tan significativa como cabría esperar del explosivo crecimiento del teléfono móvil, dirían algunos.

Y es que el terreno sobre el que se asientan las conclusiones de muchos de los estudios que han tratado de determinar el potencial carcinogénico de los celulares es, también, móvil. “Las evidencias que surgen de estos estudios resultan controvertidas: algunos las interpretan a favor de la idea de que causan cáncer y otros, en contra”, dijo Rodolfo Touzet, doctor en radioquímica y especialista en protección radiológica.

Es el caso del estudio Interphone, que evaluó a más de 10.000 personas, la mitad de ellas con cáncer cerebral, y en cuyas conclusiones los autores oscilan entre decir que “no se observó un riesgo de glioma con el uso del teléfono celular” o decir que “hay sugerencias de un incremento del riesgo de glioma en las personas con más alta exposición” al celular.

“Como no se ponen de acuerdo, optan por el principio de precaución, que exige informar a la gente sobre la importancia de su uso racional”, señaló Touzet, que participa de la Comisión Intersectorial para el Estudio de las Radiaciones No Ionizantes, creada en 2009 por el Ministerio de Salud de la Nación para estudiar el impacto de los campos electromagnéticos sobre la salud humana.

Ese principio de precaución es el mismo que atraviesa el informe de la IARC/OMS. “Mientras se realizan los estudios para determinar si causa o no cáncer, lo que recomienda la OMS es la utilización cautelosa del celular. Ya que de tener la capacidad de causar mutaciones en el ADN que puedan derivar en cáncer de cerebro, ese efecto no sería inmediato, sino resultado de la exposición en forma sostenida”, concluyó Gómez.

 

Riesgo para 5000 millones

  •  Uso masivo: en el país hay casi 1,4 celulares por habitante. En todo el mundo los usuarios son 5000 millones.
  • Qué dice la OMS: clasifica los campos electromagnéticos que emite el celular como “posibles” causantes de cáncer de cerebro.
  • Consejos de expertos: no acercar mucho el aparato a la cabeza y que no lo usen chicos ni adolescentes.

Para ver la nota completa: lanacion[dot]com[dot]ar


Mis Ultimos Tweets

Escribí tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 6 seguidores

Creative Commons License

Este blog y todos sus componentes están bajo la licenciados bajo:

Creative Commons
Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License
.
A %d blogueros les gusta esto: