Matilde Menéndez

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  • Comentarios desactivados en Reglas entre el ejercicio y las calorías para bajar de peso
Los investigadores señalaron que los adolescentes que intentan perder peso no parecen comprender del todo la relación entre el ejercicio y las calorías.
El análisis de casi 44.000 adolescentes que participaron en la Encuesta de riesgo conductual juvenil de Filadelfia, EE.UU., mostró que, entre los obesos, las chicas que hacían ejercicio seguían bebiendo gaseosas, y los chicos no hacían nada de ejercicio.
Además, tres cuartas partes de los adolescentes obesos dijeron que intentaban perder peso, pero esos adolescentes también eran más propensos a fumar, posiblemente como “ayuda” para perder peso, sugirió el estudio.
La preocupación a nivel mundial
Las tasas de obesidad infantil se han triplicado en EE. UU. en las últimas tres décadas, y casi uno de cada tres niños estadounidenses tiene sobrepeso o es obeso actualmente. El nuevo estudio, que será presentado en la reunión anual de la Asociación Americana de Salud Pública (American Public Health Association, APHA) en Washington, ilumina parte del motivo de que reducir esas tasas sea una batalla tan ardua.
Las chicas obesas que intentaban perder peso eran más propensas a participar en al menos 60 minutos de actividad física al día, pero también eran más propensas a consumir un refrescos azucarados a diario, lo que básicamente contrarresta muchos de los beneficios del ejercicio diario, señaló la autora del estudio, Clare Lenhart.
“La mayoría están interesadas en perder peso y eso es positivo, pero las gaseosas tienen suficientes calorías para contrarrestar las que gastan en la actividad física”, explicó.
Los chicos obesos que intentaban perder peso no hacían ejercicio, y pasaban más de tres horas al día jugando videojuegos, mostró el estudio.
“Si alguien es obeso e intenta perder peso, los médicos deben hacer preguntas de seguimiento para averiguar cómo lo hacen y darles sugerencias sobre cómo modificar las conductas”, señaló Lenhart.
Falta educación para lograrlo
La Dra. Yolandra Hancock, pediatra de atención primaria del Centro Médico Pediátrico Nacional en Washington, dijo que los adolescentes están motivados por el cambio, pero hay una falta de educación sobre cómo lograrlo de forma saludable.
“El estudio demuestra una clara falta de comprensión sobre cuántas calorías quema el ejercicio”, planteó. “Para quemar las calorías de un refresco azucarado, habría que correr 1,6 km, y la mayoría de adolescentes no alcanzan ese nivel de actividad física”, anotó Hancock.
“Si un adolescente intenta perder peso, es importante preguntarles cómo lo lograrán, dado que quizás hallemos que hay una falta de educación sobre las calorías que ingieren y las que gastan”, añadió. “Esto es especialmente importante para los adolescentes, ya que comienzan a tomar decisiones por sí mismos en términos de lo que comen y con qué frecuencia hacen ejercicio”.
La regla 5-2-1-0
Por lo general, Hancock enfatiza la regla del 5-2-1-0, que es fácil de entender, a los adolescentes con sobrepeso y obesos que desean y necesitan perder peso. Esto se refiere a cinco frutas y verduras al día, dos horas o menos frente a pantallas como la televisión o los videojuegos por día, una hora de actividad física al día, y cero o pocas bebidas endulzadas con azúcar al día.
Añadió que en esta regla también hay cierta flexibilidad. Por ejemplo, “si un adolescente con sobrepeso u obeso desea jugar un videojuego, puede jugar videojuegos activos, que impliquen algún ejercicio”, apuntó. “Hay una forma de alcanzar el equilibrio”.
Debido a que este estudio se presentará en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.
Fuente: medlineplus[dot]com
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Hay dos tipos de fibras. Uno de ellos ayuda a bajar de peso y funciona como una “banda gástrica” natural. ¿Qué alimentos lo contienen?
Uno de los tipos de fibras puede reducir el apetito hasta en un 60% y facilitar, así, el descenso de peso. A esa conclusión llegó un estudio de la Universidad de Wageningen realizado entre 89.432 europeos, de entre 20 y 78 años, libres de enfermedades (sin cáncer, diabetes ni enfermedades cardiovasculares). Los resultados fueron publicados en junio por la revista Obesity Reviews.
No todas las fibras tienen el mismo efecto. Según la investigación, las que más reducen el apetito (en un 60%) son las de tipo soluble. Absorben grandes cantidades de agua, lo que hace que al consumirlas se aumente la distensión del estómago y tengamos mayor sensación de plenitud.
¿Dónde encontramos a las fibras solubles? En el salvado de avena, la cebada, las nueces, las semillas, los frijoles y las lentejas. También en algunas frutas, como las naranjas y las manzanas, y en hortalizas como las arvejas y las zanahorias.
Por otro lado están las fibras insolubles, que también logran una reducción del apetito, pero muy inferior: solo alcanzan el 14%. Se encuentra en alimentos como el salvado de trigo, las verduras y los granos integrales.
“Todos los vegetales tienen tanto fibras solubles como insolubles, pero en cada uno de ellos predomina más un tipo que el otro”, aclara el doctor Carlos Sabagh, médico especialista en nutrición y director médico de Grandiet y Pesosalud.
Más fibra, más salud
“Los países con dieta mediterránea, como España, Italia, Francia y Grecia, son los que tienen un mayor consumo de fibras. Por el contrario, en otros lugares de occidente se sufre un fuerte déficit y nuestro país no es ajeno a esta situación”, alerta Sabagh.
La meta es, entonces, incluir más fibras en la dieta. La nutricionista Viviana Viviant sugiere incorporar cinco porciones por día: un plato abundante de verduras en el almuerzo (crudas), otro en la cena (cocidas) y al menos tres frutas que sean, en lo posible, diferentes.
Otra clave es cambiar lo blanco por lo negro. “Es conveniente empezar a elegir los cereales y derivados (copos para desayuno, arroz, fideos, pan) integrales. Se puede incluir una taza tamaño té de arroz cocido, un plato chico de fideos, dos o tres rebanadas de pan por día y una taza tamaño té de alguna legumbre (lenteja, arveja, soja)”, detalla Viviant.
De forma opcional, se puede agregar a cualquier preparación: salvado de avena o trigo (dos cucharadas soperas al ras), frutas secas (dos nueces u ocho almendras) y semillas mixtas molidas (dos cucharadas tamaño postre).
“Cuando la persona no está habituada al consumo de fibra, hay que incorporarla en forma paulatina para no presentar molestias gastrointestinales. Siempre acompañar con la ingesta de líquidos para que puedan llevar a cabo su función”, agrega la nutricionista.
Fuente: entremujeres[dot]com
  • In: enfermedades | prevención
  • Comentarios desactivados en Adelgazar eliminando 500 calorías de la dieta diaria
Según la presidenta de la Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada (SENBA), la doctora Carmen Gómez Candela, es fácil comenzar a perder peso si se eliminan 500 calorías de la alimentación diaria.
“Para perder peso no hay más que una fórmula: ingerir algunas calorías menos y, si es posible, aumentar el gasto fundamentalmente en forma de ejercicio. Por ejemplo, si estamos consumiendo 2.500 calorías diarias, consumir 500 calorías menos”.
En su opinión, “la gente debe concientizarse de que perder peso saludablemente, implica hacerlo de manera progresiva y con el asesoramiento de un profesional”, huyendo de dietas “milagro”, que “resultan insanas y no son educativas”, y aprendiendo hábitos saludables que permanezcan en el tiempo, de manera que “permitan mantener la línea y no recuperar el peso anterior”.
Por tanto, recomienda comer al menos cuatro veces al día, tomar cinco raciones de fruta y verdura diarias, beber suficiente líquido, elegir alimentos con fibra vegetal y ricos en hidratos de carbono complejos, reducir el consumo de sal y de proteínas.
Además, para mantenerse sano, aconseja no fumar, limitar el consumo de alcohol y practicar algún tipo de actividad deportiva.
Fuente: mujer[dot]com
  • In: alimentación | prevención
  • Comentarios desactivados en En la dieta hay un exceso de calorías de “mala calidad”
Un estudio de cientos de alimentos que integran la dieta de los argentinos ayuda a explicar por qué 3 de cada 10 chicos y 1 de cada 2 adultos argentinos padecen sobrepeso u obesidad.
Según el estudio de los licenciados Sergio Britos, Agustina Saraví y Nuria Chichizola, ingerimos más del doble de lo recomendado de calorías de baja calidad nutricional (que llaman “dispensables”), como azúcares agregados y grasas saturadas.
Se considera que una dieta saludable no debería incluir más de entre 10 y 17%; es decir que de 2000 calorías diarias, alrededor de 340 podrían ser dispensables. Sin embargo, el detallado análisis de cinco estudios locales (entre ellos, la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, y otro realizado este año en más de 700 escolares bonaerenses) arroja una cifra que oscila entre el 35 y el 40%.
Calorías evitables
“El concepto de «calorías dispensables», introducido en las guías norteamericanas de nutrición en 2005, alude al exceso de calorías de un alimento comparado con un producto equivalente, de su mismo grupo, pero de alta densidad de nutrientes -explica Britos-. Sabemos que las gaseosas, los dulces y el azúcar tienen calorías no nutritivas, pero también las aportan alimentos muy característicos de nuestros patrones de consumo, como la factura y los cortes de carne con mucha grasa. Por ejemplo, los bizcochitos de grasa, cada 100 g tienen 50 calorías no nutritivas. Un vaso de gaseosa no light tiene 80, más del 20% de la recomendación. En un helado de crema de 100 g, que tiene 305 calorías, 160 son dispensables. Y en la porción habitual de 200 g de carne no magra, hay 100.”
Para llegar a esta conclusión, los investigadores del Programa de Agronegocios y Alimentos de la Facultad de Agronomía y de la Escuela de Nutrición, ambos de la UBA, y de la Carrera de Nutrición de la Universidad de Belgrano debieron trazar el perfil nutricional de más de 400 alimentos.
“Una de las cosas que nos llamaron la atención es que estas calorías de baja calidad no provienen solamente de las gaseosas o los jugos azucarados, sino también de alimentos como la carne que nos gusta a los argentinos, el yogur saborizado y el queso con mucha grasa.”
Al contrario de lo que frecuentemente se piensa, estas calorías dispensables deberían ocupar el mismo espacio en todas las edades. “Los más chicos (menores de dos o tres años) y las mujeres embarazadas o por embarazarse son los grupos más vulnerables por sus requerimientos nutricionales -explica Britos-. En esas edades es aún más crítica la concentración de nutrientes en relación con la calidad total de calorías de la dieta. Por ejemplo, para los chicos de más de dos años, toda la grasa de la leche es dispensable.”
Según los investigadores, las encuestas analizadas muestran que los nutrientes que claramente deberían limitarse son las grasas saturadas, el sodio y los azúcares agregados. Por el contrario, los que aparecen como deficitarios son el calcio, el hierro y las vitaminas A y C.
“Este trabajo es el primero en la Argentina que cuantifica y caracteriza el aporte de calorías dispensables -dice Britos-. Las categorías de mayor aporte son los azúcares y dulces, y en segundo lugar se ubican bebidas y panificados. Luego vienen las carnes y los lácteos con alto contenido de grasa, y en último lugar, las pastas rellenas.”
Dieta saludable
Aunque aclaran que no se trata de alarmar, sino de ofrecer un marco de referencia para tomar decisiones informadas, los investigadores destacan que, dado que en los últimos años se multiplicó la oferta de alimentos de diversos tipos, es importante diferenciar cuáles tienen nutrientes esenciales y cuáles, componentes que deberíamos limitar.
“La base de una dieta saludable no incluye calorías dispensables -concluye Britos-. Por eso quisimos hacer este aporte, inspirado en los conceptos que dieron origen a la iniciativa Nutrición 10, Hambre 0, en el marco del actual proceso de revisión de las guías alimentarias locales. Sería fundamental fijar como objetivo una disminución de este tipo de calorías a la mitad, haciendo foco en mensajes de moderación en el consumo de bebidas e infusiones azucaradas, en particular en niños. También habría que enfatizar el consumo de las variedades de alimentos de mejor calidad nutricional: leche y yogures no enteros, cortes de carnes magras, panificados con menos del 13% de grasas, preferencia por pastas en sus formas simples, y abundante cantidad de frutas y verduras de todo tipo y color. En cuanto a los aceites, sería bueno ir incorporando algo de los de oliva o canola, además del de girasol, típico de la mesa argentina.”
Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar

Una dieta completa y saludable proporciona recursos para afrontar este problema.

El estrés se produce cuando las exigencias de la vida superan nuestra capacidad o recursos para afrontarlos. Si éste se torna excesivo y supera la tolerancia del organismo, puede generar un desgaste en la salud. Esto puede provocar enfermedades físicas y deterioro cognitivo.

El ritmo de vida acelerado, la falta de tiempo para cocinar y la enorme oferta alimenticia hacen difícil llevar a cabo hábitos saludables y conduce a que muchas personas coman en exceso, a deshora o que pasen muchas horas sin comer. Una dieta deficiente pone al cuerpo en un estado de estrés físico y debilita el sistema inmunológico dejando a la persona más susceptible a infecciones.

Además, el estrés físico disminuye la capacidad para hacerle frente al estrés emocional. Asimismo, los estados de ánimo y las emociones parecen jugar un rol importante en el consumo de alimentos en personas normales. Dado que en determinados momentos la alimentación es una forma de regulación emocional, los desbalances afectivos jugarían un importante rol en la conducta alimentaria. Además, el estrés emocional crónico puede generar un desgaste en la salud y puede provocar, entre otras, enfermedades físicas y deterioro cognitivo.

 

¿Cómo afrontar  el estrés?

Si bien será necesario buscar terapia médica y psicológica cuando el cuadro lo requiera, se recomienda realizar algunos cambios en el estilo de vida, incluidos los hábitos de la alimentación. Específicamente:

  • Llevar a cabo una alimentación saludable.
  • Mantener un peso aceptable.
  • Aumentar la actividad física.
  • Comer con moderación e incluir alimentos variados en cada comida.
  • Realizar al menos 4 comidas diarias.
  • Respetar los horarios de las comidas sin saltearse ninguna (es decir, comer en horarios regulares).
  • Comer lentamente y masticar correctamente.
  • Evitar hábitos tóxicos, como el tabaco y el alcohol.
  • Disminuir el consumo de sal.
  • Tomar abundante líquido durante todo el día.
  • Intentar que el momento de comer sea lo más placentero posible.
  • Elegir aquellos alimentos que influyen en el correcto funcionamiento cerebral.
Desde mediados del siglo pasado, se hizo evidente que muchos constituyentes de la dieta, desde macronutrientes hasta vitaminas, tienen influencia en la función del cerebro. Por ejemplo, es sabido que las vitaminas del complejo B participan como co-factores en importantes reacciones del sistema nervioso (síntesis de neurotransmisores, síntesis de mielina, obtención de energía).
Por ello, resulta importante conocer aquellos alimentos que influyen en el correcto funcionamiento del cerebro para incluirlos en la dieta. Estos son: los cereales y las legumbres (contienen vitaminas del complejo B, que participan en importantes reacciones del sistema nervioso), las frutas y hortalizas (protegen al cerebro por su alto contenido de varios antioxidantes), las carnes (aportan proteínas de alto valor biológico; además, las rojas aportan hierro -un mineral que ayuda a transportar el oxígeno al cerebro-), el pescado (aporta ácidos grasos omega 3, un nutriente esencial y necesario para un adecuado desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso; además contienen fósforo, un mineral de vital importancia en las membranas celulares); los aceites y frutos secos (contienen vitamina E, un potente antioxidante que protege a las neuronas de los radicales libres y son fuente de ácidos grasos esenciales -omega 3, 6 y 9-, sustancias que ayudan a mejorar la comunicación entre neuronas).
Fuente: licenciada Sol Vilaro, jefa del área de nutrición en neurología y psiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) para entremujeres[dot]com
  • In: prevención
  • Comentarios desactivados en Cuidado con los alimentos en verano
Es muy común cuando comienza la temporada de verano nos enfermemos del estómago porque algo nos cayó mal. Una de las causas de este hecho es que producto del calor se desarrollen con más facilidad algunos microorganismos en nuestras comidas.
Esto nos provoca diarrea, vómitos, dolor de cabeza y fiebre entre otros síntomas. Lo más difícil es identificar qué tipo de microorganismo nos atacó, pero lo más sencillo es prevenir estas enfermedades producidas por los alimentos, a través de modos básicos de higiene, conservación y limpieza de los alimentos que consumimos diariamente.
Enfermedades transmitidas por los alimentos
Para entender un poco mejor el concepto de enfermedades producidas por los alimentos podemos definirlas como aquellas que se originan por la ingestión de alimentos infectados con agentes contaminantes en cantidades suficientes para afectar la salud del consumidor.
Sean sólidos naturales, preparados, o bebidas simples como el agua. Los alimentos pueden originar dolencias provocadas por patógenos, tales como bacterias, virus, hongos, parásitos o componentes químicos, que se encuentran en su interior.
La mayoría de las infecciones transmitidas por los alimentos comúnmente reconocidas son las que son ocasionadas por las bacterias Salmonella y la E. Coli.
Salmonella es también una bacteria que está propagada en los intestinos de las aves, reptiles y mamíferos. La enfermedad llamada Salmonelosis produce fiebre, diarrea y calambres abdominales. En las personas de mayor edad, con bajas defensas, los niños y embarazadas puede invadir la corriente sanguínea y ocasionar infecciones que ponen en peligro la vida. Su transmisión es por la ingestión de carnes mal cocidas o verduras regadas y contaminadas con aguas sucias.
Echerichia coli es un patógeno bacteriano que tiene un reservorio en el ganado vacuno y otros animales similares. Su transmisión es por el consumo de alimentos o agua que ha sido contaminada con heces de vaca. Produce a menudo una diarrea aguda y sanguinolenta y calambres abdominales dolorosos, sin mucha fiebre. En 3% a 5% de los casos, puede ocurrir una complicación llamada síndrome urémico hemolítico (SUH) varias semanas después de los síntomas iniciales. Esta complicación aguda incluye anemia temporal, abundante sangrado y falla renal.
Principales causas de las enfermedades producidas por los alimentos
La Organización mundial de la Salud (OMS) ha señalado que las principales causas de las enfermedades por transmisión alimentaria son:
  • Refrigeración inadecuada (mayor de 5º C), conservación de alimentos en recipientes muy grandes o alimentos dejados a temperatura ambiente.
  • Intervalo de varias horas entre preparación y consumo de los alimentos.
  • Cocción insuficiente, es decir, servir alimentos semi-crudos.
  • Conservación en caliente a temperatura inadecuada menor de 60º C.
  • Manipulación de alimentos por personas infectadas.
  • Uso de alimentos crudos contaminados.
  • Contaminación cruzada (alimento crudo – alimento cocido).
  • Falta de limpieza del equipo y utensilios de cocina.
  • Frutas y verduras regadas con aguas contaminadas por estiércol de animales o alcantarillado humano.
  • Consumo de alimentos crudos de origen animal son los que tienen más probabilidad de estar contaminados (Carnes de vacuno, pollo, huevos, mariscos y leches no pasteurizadas).
¿Quiénes son los más afectados?
En cuanto a la población de riesgo, cabe destacar que los viajeros a destinos tropicales son uno de los grupos más vulnerables. En concreto, los expertos destacan que un 40 por ciento de las personas que viajan cada año a destinos exóticos sufren la llamada ‘diarrea del viajero’.
También los niños, sobre todo los lactantes (menores de un año), son otro grupo especialmente afectado por las diarreas, ya que se estima que cada año se producen alrededor de 500.000 episodios de diarrea en niños y lactantes, el 40 por ciento de ellos en verano.

Asimismo, los expertos destacan también el riesgo que tienen los ancianos, ya que, al igual que ocurre con los menores, sus mecanismos de defensa son más débiles. Además, en el caso de las personas mayores hay que tener un especial cuidado ya que como no tienen sensación de sed, resulta más difícil detectar una posible deshidratación.

Prevención
Existen muchas formas de reducir el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos como:´
1. Higiene personal: Las manos son el principal punto de contacto entre el alimento y el ser humano, por ello un buen lavado de manos es la forma más efectiva de prevenir una enfermedad producida por los alimentos.
2. Higiene de los alimentos: Se refiere a la limpieza de estos en todas las etapas por las cuales pasa antes de llegar al consumidor, es decir, al comprar, preparar, almacenar y consumir los alimentos.
a) Compra:
  • Seleccionar las frutas y verduras que están frescas y limpias.
  • Las carnes y pescados deben tener consistencia firme y olor agradable.
  • Los productos envasados deben tener fecha de elaboración y vencimiento vigente.
  • Las conservas deben estar en buen estado, sin golpes, hinchadas, hundidas u oxidadas. Los alimentos sean de locales autorizados.
b) Preparación:
  • El lugar de preparación de los alimentos debe estar limpio y los utensilios de cocina también.
  • No utilizar el mismo utensilio de cocina para alimentos crudos y cocidos sin lavarlos antes.
  • Utilizar un termómetro para medir la temperatura interna de la carne es una buena forma de asegurarse de que está suficientemente cocinada para matar las bacterias.
  • Lavar y desinfectar los alimentos que se consumen crudos ( ejemplo: Lechuga)
c) Almacenamiento:
  • Los alimentos no perecederos se deben guardar en envases con tapa en estantes alejadas del suelo, en un lugar fresco, seco, bien ventilado, limpio y libre de insectos y roedores.
  • Los alimentos frescos se deben guardar en el refrigerador (0º – 5ºC) y los alimentos congelados en el freezer (- 18ºC).
d) Consumo:
  • Al consumir los alimentos la persona debe tener las manos y la ropa limpia.
  • La mesa, los platos y los utensilios donde se va a comer deben estar limpios.
  • Rechazar los alimentos que presenten alguna señal de descomposición.
Si presentás alguna enfermedad diarreica de más de tres días y síntomas asociados como fiebre elevada, sangre en las deposiciones, vómitos prolongados, disminución en la orina, boca seca y mareos, consultá al médico para aliviar los síntomas y consultá a tu nutricionista para que le indique una dieta adecuada para estos casos.
Fuente:alimentación-sana[dot]com[dot]ar
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  • Comentarios desactivados en El 40% de los cánceres podría prevenirse

Así lo indica un estudio de investigadores ingleses que afirman que un cambio en la calidad de vida ayudaría a mejorar los índices.

 

Un estudio realizado por investigadores ingleses afirmó que más del 40 por ciento de los casos de cáncer, puede prevenirse con un cambio de estilo de vida.

 

La investigación que publicó el British Journal of Cancer y reproduce el diario español El Mundo, destacó que el evitar el tabaquismo, controlar la obesidad y cumplir una dieta sana son factores que deben tenerse en cuenta para evitar el cáncer.

 

El estudio auspiciado por el centro de Investigación del Cáncer del Reino Unido que analizó la evolución de los diagnósticos de cáncer en Inglaterra, precisó que el 42,7 por ciento de los diagnósticos se podrían prevenir con cambios en el estilo de vida.

 

Max Parkin, investigador de la Universidad de Londres, sostuvo que “mucha gente cree que el cáncer se debe a factores genéticos o del destino y que es cuestión de suerte el contraerlo o no”.

 

Pero destacó que “mirando la evidencia, parece claro que al menos el 40 por ciento de los cánceres son causados por factores que tenemos el poder de cambiar”.

 

¿Cómo prevenir?

Los datos señalaron que el dejar de fumar, hacer ejercicio, beber menos o comer más vegetales y frutas servirían para reducir cerca de 134.185 los diagnósticos de cáncer en un año en Inglaterra.

 

El estudio atribuyó al tabaquismo el 19,4 por ciento de los casos de cáncer diagnosticados en 2010 en Gran Bretaña y el segundo factor como causante de tumores a la obesidad.

 

En tanto, la insuficiencia en el consumo de frutas y verduras en la dieta es responsable del 4,7 por ciento de casos de cáncer, el exceso de carne de 2,5 y la falta de fibra del 1,5.

 

El estudio demostró una disparidad entre hombres y mujeres, debido a que el estilo de vida es el causante de casi la mitad de casos de cáncer masculinos (45%), mientras que la proporción baja al 40 por ciento en las mujeres.

 

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar


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