Matilde Menéndez

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El consumo de sodio a partir de alimentos procesados y de restaurantes contribuye al aumento de los índices de hipertensión, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Disminuir el consumo de sodio hasta los límites recomendados podría evitar miles de muertes cada año.
Las personas estamos consumiendo demasiado sodio, comúnmente en forma de sal. Un alto consumo de sodio eleva la presión arterial. La hipertensión es un factor de riesgo importante de las enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, primera y tercera causa de muerte en el país respectivamente.
Las investigaciones indican que existe una asociación basada en la dosis entre el consumo de demasiada sal y la presión arterial alta. Cuando se reduce el consumo de sal, la presión arterial comienza a disminuir en la mayoría de las personas a los pocos días y semanas. Las poblaciones con dietas bajas en sal no experimentan el aumento de presión arterial con el paso de los años en comparación con lo que sucede en la mayoría de los países occidentales.
Consumo de sodio y suministro de alimentos
Todos necesitamos una pequeña cantidad de sodio (por ejemplo: entre 180 mg y 500 mg por día aproximadamente) para que nuestros cuerpos funcionen correctamente.
El Instituto de Medicina de los EEUU recomienda 1500 mg de sodio por día como el nivel de consumo adecuado para la mayoría de las personas y aconseja a todas las personas limitar el consumo de sodio a menos de 2300 mg por día, el máximo nivel aceptable.
En ese sentido, el Instituto aconseja limitar el consumo de sodio en menos de 2300 mg por día (aproximadamente 1 cucharadita de sal de mesa) para la población en general y 1500 mg por día para grupos especiales de población.
El consumo adecuado (AI, por sus siglas en inglés) de 1500 mg por día es el promedio de consumo diario de sodio recomendado. El AI de sodio que se establece para adultos es de 1500 mg por día para garantizar que la dieta general proporcione cantidades suficientes de otros nutrientes y para cubrir la pérdida de sodio a través de la transpiración en el caso de las personas físicamente activas.
El máximo nivel (UL, por sus siglas en inglés) de 2300 mg por día se refiere al nivel diario de sodio más alto que probablemente no representa riesgo alguno de efectos adversos para la salud en el caso de la mayoría de las personas de la población en general. El UL no representa el consumo recomendado y no existe beneficio aparente de consumir niveles de sodio por encima del consumo adecuado (AI).
Según el citado Insituto, en los EEUU el promedio de consumo diario de sodio para los estadounidenses a partir de los 2 años es de 3,436 mg. Esto indica que, desde la década de 1970, la cantidad de sodio en los alimentos ha aumentado y se ingieren mayor cantidad de alimentos por día que en el pasado.
¿De dónde consumimos sodio?
La mayor parte de sodio que se consume proviene de alimentos procesados y de restaurantes; solamente una pequeña parte se emplea en la cocina o se añade en la mesa.
Incluso si una persona no padece de hipertensión, puede igualmente beneficiarse al reducir la cantidad de sodio en su dieta, ya que cuanto más baja sea la presión arterial en general, menor será el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
Si los fabricantes reducen gradualmente la cantidad de sodio en alimentos procesados y preparados, las principales fuentes de sodio en el suministro de alimentos, el consumo de sodio de la población podría reducirse a niveles más seguros con pocos o ningún cambio de comportamiento individual necesario por parte de los consumidores.
La reducción gradual de sodio también permitiría una adaptación más fácil del paladar en respuesta a la reducción de sodio. El consumo de sodio a partir de alimentos procesados y de restaurantes contribuye al aumento de los índices de hipertensión, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
Disminuir el consumo de sodio podría evitar miles de muertes anuales, pues cada año la hipertensión arterial causa 400.000 muertes. Otros beneficios de reducir el consumo de sodio incluyen: menor riesgo de cáncer gastroesofágico, menor masa ventricular izquierda (corazón) y conservación de la masa ósea.
Fuente: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades
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  • In: enfermedades | prevención
  • Comentarios desactivados en Los hábitos cotidianos que son un arma contra la hipertensión

Una dieta saludable, poca sal y el ejercicio físico ayudan a evitar que se manifieste.

 

En la Argentina hay 7 millones de hipertensos. Sólo la mitad sabe que tiene el problema y, peor aún, apenas unos 870.000 reciben tratamiento y alcanzan a controlar su presión. La buena noticia es que, muchas veces, la cura está al alcance, por medio de algunos hábitos cotidianos.

 

“Si bien no podemos actuar sobre la vulnerabilidad genética a padecer hipertensión, los hábitos cotidianos son las llaves que permiten o evitan que la enfermedad se manifieste”, explica la doctora Carol Kotliar, directora del Centro de Hipertensión del Hospital Universitario Austral.

 

¿Cuáles son las bases del plan contra la hipertensión?

Primero, adoptar una alimentación reducida en calorías, sodio y grasas saturadas, que “abunde en fibra aportada por cereales, harinas y panes integrales; legumbres, verduras y frutas, frutos secos, semillas y grasas insaturadas (Omega 9 y Omega 3)”, indica Mazzei.

 

La sal merece un párrafo aparte. “No se trata de erradicarla, sino de controlarla”, advierte la licenciada. Aconseja no cocinar con sal, sino agregarla en la mesa, y evitar los productos envasados por su alto contenido de sodio. “Sirve tener un salero personal con una cucharada de té al ras de sal para consumir durante el día”, apunta Kotliar. Las hierbas, las especias y el limón son buenas alternativas para condimentar.

 

Segundo pilar antihipertensión: mantener el peso. “Al aumentar de peso se acumula grasa en los tejidos, que puede ser tóxica. Para saber si tenemos una distribución normal de las grasas, medirse el perímetro de la cintura: en las mujeres debería ser menor a 88 centímetros y en el hombre menor a 102”, señala Daniel Piskorz, presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial.

 

Otro indicador del peso es el Índice de Masa Corporal: el peso (kg) se divide por la altura (m) al cuadrado. Para una persona con hipertensión, el valor debe ser menor a 25.

 

El tercer pilar implica actividad física regular y aeróbica: caminar, correr, remar, jugar al fútbol, andar en bicicleta. “Sesiones de 30 o 40 minutos, al menos cuatro veces por semana, reducen los valores de presión arterial”, asegura Martín Ibarrola, cardiólogo y médico del plantel superior de rugby del Club Regatas de Bella Vista. “La frecuencia es tan importante como la duración. Se puede arrancar de manera gradual, con sesiones cortas, cada vez más frecuentes y prolongadas. Es clave sentirse cómodo con la intensidad y no terminar extenuado”, dice. El ejercicio contribuye, aparte, a atenuar el estrés, otro factor de riesgo de hipertensión.

 

Por último, los expertos aconsejan limitar el consumo de alcohol: la cantidad aceptada equivale a dos vasos de vino, dos latas de cerveza o una medida de bebidas destiladas (en las mujeres y personas muy delgadas, esta cantidad se reduce un 50%). Y, también, abandonar el tabaquismo activo y pasivo.

 

Cambiar de hábitos cuesta

“Es difícil arrancar con actividad física, renovar las compras del supermercado… Empezar a entender que no se trata de que uno cambie, sino de que toda la familia cambie”, admite la doctora Kotliar. A pesar de todo, afirma que la sociedad “tiene más conciencia” y que se percibe una “vuelta a lo natural”.

 

“El mundo cambia la imagen de la vida feliz, que dejó de identificarse con el hombre fumando y tomando whisky mientras ve tele, y se acercó a la de una persona activa y saludable”, concluye.

 

 

Fuente: clarín[dot]com

El sedentarismo es hoy uno de los enemigos de la salud cardiovascular de los argentinos, ya que de una reciente encuesta elaborada por TNS Gallup y difundida por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), cuatro de cada diez personas hace actividad física sólo una vez por semana o ninguna.

“La persona sedentaria tiene las arterias más fijas y tiende a que se hagan más gruesas y con tendencia a tener un problema arteroesclerótico. Aquellos que hacen al menos una caminata de entre 30 a 60 minutos, la mayor cantidad de días de la semana, genera una disminución en la rigidez de la arteria y disminuye la presión que se ejerce sobre la sangre”, afirmó el doctor Roberto Peidró, prosecretario de la FCA.

“Una persona que hace ejercicio hoy regularmente, aunque sea una caminata y aquella que no lo hace, en diez años tendrá el 50 por ciento menos de probabilidad de tener hipertensión arterial”, completó el especialista, que recomendó a la persona que ya padece hipertensión, seguir un tratamiento médico adecuado, reducir la sal en la alimentación, hacer ejercicio físico y atenuar factores externos sociales como el estrés, o la depresión o ansiedad por problemas personales o laborales. “La natación es un deporte excelente para mejorar la actividad cardiovascular y circulatoria”, resaltó.

El cardiólogo Ricardo Iglesias, presidente de la FCA resaltó los datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, que indican que entre 2005 y 2009 aumentó casi 10% el sedentarismo en la Argentina, pasando de 46,2% a 54,9%, e indicó que se trata de un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. “Las personas sedentarias tienen mayor predisposición de sufrir hipertensión arterial, sobrepeso y obsesidad, diabetes tipo 2 y alteraciones del metabolismo del colesterol”, afirmó Iglesias.

 

Colesterol y la sal

“Según el Registro Interheart, publicado en la prestigiosa revista The Lancet en 2004, de acuerdo a una evaluación de 29.000 personas en 52 países, el colesterol es el principal factor de riesgo de infarto en el mundo, seguido del tabaquismo. Así, una persona con colesterol alto tiene un riesgo 3,25 veces mayor de sufrir un infarto en el término de un año”, agregó Iglesias, que se mostró contrario a las campañas que promueven el hedonismo en el hombre, donde fumar o comer comidas rápidas embargan de placer a quien consumen cigarrillos o comida chatarra.

Iglesias también destacó el elevado consumo de sal en la Argentina. “Acá comemos de 16 a 18 gramos de sal por día. Lo recomendado es 5 o 6. Por eso lanzamos la campaña “Sal de la mesa”. Es lo mismo que una campaña vial. Usar el cinturón de seguridad le salva la vida a una persona el 0,0007 %. Pero en una comunidad salva el 7% de la totalidad de los muertos por accidente de tránsito. Al bajar medio milímetro la presión se evitan 2000 muertos por año. En Nueva York, por cada dólar que el gobierno pone para que las empresas reciclen la sal [bajen su contenido de los alimentos enlatados] y le pongan menos a los alimentos, el estado al año gana 12 dólares respecto a los gastos de atención médica”, precisó.

 

Claves para una mejor vida

Sedentarismo, comida chatarra y tabaquismo concentran en su mayoría los problemas cardiovasculares en la sociedad argentina y en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cardiopatías, o enfermedades cardiovasculares son las responsables del 30% de muertes en todo el mundo.

Alberto Alves de Lima, director de docencia del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), adelantó tres parámetros para llevar una vida sana y con menor riesgo para el corazón y las arterias: comer en base a frutas y verduras, hacer actividad física y no fumar.

“Hay que evitar ingerir la comida rápida o chatarra. Por lo menos caminar para aumentar el ritmo respiratorio. El ejercicio aplicado hasta en pequeños espacios, incrementa la salud y la vitalidad del corazón, ya que está comprobado que hacer actividad física reduce en un 50% las probabilidades de sufrir estas enfermedades. Y por último no fumar”, indicó Alves de Lima.

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar


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