Matilde Menéndez

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Son datos de una encuesta nacional. El sedentarismo es uno de los principales factores de riesgo, pero la mayoría no dedica ni una hora por semana a ejercitarse. Las mujeres, menos activas que los hombres.

 

Cada fin de semana, miles de corredores inundan las calles de la Ciudad. La matrícula en los gimnasios creció 30 por ciento y los locales de pilates parecen haberse incorporado al paisaje urbano con el mismo furor que el paddle de los 80. Pero nada de eso alcanza para revertir una tendencia que parece tan arraigada como el asado del domingo.

 

A los argentinos no les gusta moverse: 6 de cada 10 persona no realiza ninguna actividad física.

 

Lo dice un informe de la consultora TNS Argentina y coincide con los números que, a principio de año, habían difundido desde el Ministerio de Salud. Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo el 54,9 por ciento de las personas no realiza actividad física o lo poco que hace no sirve para quedar fuera del porcentaje de sedentarios.

 

Es decir que el nivel de movimiento de los argentinos es un verdadero desastre. Y aunque estos números no difieren de un fenómeno mundial, aquí el mal de muchos no es consuelo.

 

El sendentarismo mata

El sedentarismo mata cada año entre 2 y 3 millones de personas en todo el mundo y provoca discapacidad en otros 19 millones. A partir de 1991, comenzó a considerarse un factor de riesgo tan letal como el tabaquismo, la hipertensión y el colesterol elevado. Y hoy ya es el cuarto factor de riesgo más importante, después del tabaquismo, el consumo de tabaco y el exceso de glucosa en la sangre.

 

“El sedentarismo está llegando a ser un problema de salud importante en Argentina y el mundo, y ya se denomina epidemia en muchos países”, explica Oscar Incarbone, experto de la Unesco y del Ministerio de Salud.

 

De acuerdo con el estudio de TNS Argentina, sólo el 42 por ciento de las personas realiza actividad física al menos una vez por semana. Bastante poco para lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS): un mínimo de treinta minutos la mayor parte de los días de la semana.

 

“La gente no piensa en el sedentarismo como algo que hace mal –opina Héctor Kunik, titular de la Asociación Metropolitana de Medicina del Deporte –. Todo el mundo sabe que es malo el tabaquismo o el colesterol, pero al sedentarismo se lo toma como un ‘problemita’, no como algo serio”.

 

Por definición, el hombre fue siempre activo. Pero los genes nada pueden hacer contra la cultura de “todo en un sólo click”. Las nuevas tecnologías fueron cambiando poco a poco los entornos físicos y sociales. Los chicos se pegan a la consola, la televisión se lleva horas y horas y hasta es posible trabajar sin moverse de la casa. “Ya ni siquiera se pasea al perro, ni se va al banco. Cuando hay que comprar comida se llama al delivery. Hay mayor conciencia de la necesidad de hacer actividad física pero todavía falta bastante”, señala Kunik.

 

Hombres y mujeres

La encuesta de TNS encontró que los hombres son mucho más activos que las mujeres y que son los menores de 25 quienes más actividad física realizan.

 

También muestra que el sedentarismo es otra forma de desigualdad: si en las clases más acomodadas el 51 por ciento realiza algún tipo de actividad, el porcentaje desciende abruptamente entre los más pobres. Sólo el 35% dijo que se mantenía activo.

 

Otro de los datos más significativos es que estos números se mantienen estables desde 2004, cuando la consultora comenzó a medir el nivel de actividad de los argentinos. “Es bastante alarmante ver que más de la mitad de los argentinos no realiza actividad física regularmente, llegando a puntos preocupantes como el 64 por ciento de los niveles socioeconómicos más bajos”, sostiene Constanza Cilley, de TNS.

 

La encuesta del Ministerio de Salud muestra una tendencia peor: en 2005 el porcentaje de personas que no hacían actividad física era de 46,2 por ciento, es decir casi nueve puntos menos que los números actuales. Además, en provincias como el Chaco, el sedentarismo alcanza el 73,8 por ciento de la población.

 

“Esto constituye un problema relevante”, señala Incarbone. Por esa razón, en el Ministerio de Salud están elaborando el primer manual de Actividad Física para los Argentinos, que se presentará el próximo 6 de abril, Día Mundial de la Actividad Física. Un manual que intentará lograr que esa imagen de una marea humana trotando con la misma remera un domingo a las ocho de la mañana no sea sólo una postal de fin de semana en la Ciudad.

 

 

Fuente: clarín[dot]com

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El sedentarismo es hoy uno de los enemigos de la salud cardiovascular de los argentinos, ya que de una reciente encuesta elaborada por TNS Gallup y difundida por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), cuatro de cada diez personas hace actividad física sólo una vez por semana o ninguna.

“La persona sedentaria tiene las arterias más fijas y tiende a que se hagan más gruesas y con tendencia a tener un problema arteroesclerótico. Aquellos que hacen al menos una caminata de entre 30 a 60 minutos, la mayor cantidad de días de la semana, genera una disminución en la rigidez de la arteria y disminuye la presión que se ejerce sobre la sangre”, afirmó el doctor Roberto Peidró, prosecretario de la FCA.

“Una persona que hace ejercicio hoy regularmente, aunque sea una caminata y aquella que no lo hace, en diez años tendrá el 50 por ciento menos de probabilidad de tener hipertensión arterial”, completó el especialista, que recomendó a la persona que ya padece hipertensión, seguir un tratamiento médico adecuado, reducir la sal en la alimentación, hacer ejercicio físico y atenuar factores externos sociales como el estrés, o la depresión o ansiedad por problemas personales o laborales. “La natación es un deporte excelente para mejorar la actividad cardiovascular y circulatoria”, resaltó.

El cardiólogo Ricardo Iglesias, presidente de la FCA resaltó los datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, que indican que entre 2005 y 2009 aumentó casi 10% el sedentarismo en la Argentina, pasando de 46,2% a 54,9%, e indicó que se trata de un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. “Las personas sedentarias tienen mayor predisposición de sufrir hipertensión arterial, sobrepeso y obsesidad, diabetes tipo 2 y alteraciones del metabolismo del colesterol”, afirmó Iglesias.

 

Colesterol y la sal

“Según el Registro Interheart, publicado en la prestigiosa revista The Lancet en 2004, de acuerdo a una evaluación de 29.000 personas en 52 países, el colesterol es el principal factor de riesgo de infarto en el mundo, seguido del tabaquismo. Así, una persona con colesterol alto tiene un riesgo 3,25 veces mayor de sufrir un infarto en el término de un año”, agregó Iglesias, que se mostró contrario a las campañas que promueven el hedonismo en el hombre, donde fumar o comer comidas rápidas embargan de placer a quien consumen cigarrillos o comida chatarra.

Iglesias también destacó el elevado consumo de sal en la Argentina. “Acá comemos de 16 a 18 gramos de sal por día. Lo recomendado es 5 o 6. Por eso lanzamos la campaña “Sal de la mesa”. Es lo mismo que una campaña vial. Usar el cinturón de seguridad le salva la vida a una persona el 0,0007 %. Pero en una comunidad salva el 7% de la totalidad de los muertos por accidente de tránsito. Al bajar medio milímetro la presión se evitan 2000 muertos por año. En Nueva York, por cada dólar que el gobierno pone para que las empresas reciclen la sal [bajen su contenido de los alimentos enlatados] y le pongan menos a los alimentos, el estado al año gana 12 dólares respecto a los gastos de atención médica”, precisó.

 

Claves para una mejor vida

Sedentarismo, comida chatarra y tabaquismo concentran en su mayoría los problemas cardiovasculares en la sociedad argentina y en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cardiopatías, o enfermedades cardiovasculares son las responsables del 30% de muertes en todo el mundo.

Alberto Alves de Lima, director de docencia del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), adelantó tres parámetros para llevar una vida sana y con menor riesgo para el corazón y las arterias: comer en base a frutas y verduras, hacer actividad física y no fumar.

“Hay que evitar ingerir la comida rápida o chatarra. Por lo menos caminar para aumentar el ritmo respiratorio. El ejercicio aplicado hasta en pequeños espacios, incrementa la salud y la vitalidad del corazón, ya que está comprobado que hacer actividad física reduce en un 50% las probabilidades de sufrir estas enfermedades. Y por último no fumar”, indicó Alves de Lima.

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar

Según los últimos estudios publicados, las tareas cotidianas, como arreglar el jardín o limpiar la casa, permiten retrasar el deterioro cognitivo natural.

Para aquellos que deseamos mantener el cerebro en forma y saludable en la mediana edad y más allá, últimos descubrimientos científicos ofrecen algo de tranquilidad. La actividad física es clave, aunque los científicos aún no probaron que el ejercicio proteja de ciertas enfermedades, como el Alzheimer. Pero ¿qué sucede con la pérdida de memoria más mundana, que comienza a partir de los 30, y cuando las llaves del automóvil y los nombres empiezan a desvanecerse? No es Alzheimer, pero preocupa.

Varios estudios que acaban de publicarse se ocuparon de esas preguntas. En el más alentador de todos, un equipo de Canadá midió el gasto de energía y funcionamiento cognitivo de un grupo grande de adultos mayores entre 2 y 5 años. La mayoría de los voluntarios no hacía ejercicio y casi ninguno tenía un trabajo muy exigente físicamente. Sus actividades consistían en “caminar alrededor de la cuadra, cocinar, arreglar el jardín, limpiar y ese tipo de tareas”, dijo Laura Middleton, profesora asociada de la Universidad de Waterloo, Ontario, y autora principal del estudio, publicado la semana pasada en Archives of Internal Medicine .

Aun así, para Middleton, los efectos de esas actividades en el cerebro fueron sorprendentes. Mientras los voluntarios sedentarios obtenían resultados cada vez más bajos en los tests anuales de función cognitiva, el grupo más activo sufrió poco deterioro. El 90% de los que más energía gastaban a diario podía razonar y recordar casi igual año tras año.

“Nuestros resultados indican que el ejercicio vigoroso no es necesario” para proteger la mente, dijo Middleton. “Pienso que eso es alentador. Debería inspirar a aquellos a los que les preocupa la sola idea de tener que hacer ejercicio o levantarse y moverse.”

El mismo mensaje surgió de otro estudio publicado la semana pasada en la misma revista. Durante 5 años, se hicieron tests cognitivos y entrevistas sobre las actividades diarias a un grupo de mujeres de 70 años con enfermedad vascular o factores de riesgo de desarrollarla. De nuevo, entre ellas no había maratonistas: la participante más activa caminaba. Pero los investigadores detectaron “una reducción de la velocidad del deterioro cognitivo” en las más activas. La capacidad de recordar y razonar seguía disminuyendo, pero no tan rápido como en las sedentarias.

“Si una persona inactiva de 70 años avanza hacia la demencia a 80 km/h, cuando tenga 75 o 76 lo hará a 120 km/h”, dijo Jae H. Kang, profesor asistente de medicina del Hospital de Brigham y las Mujeres de la Escuela de Medicina de Harvard, y autor principal del estudio. “Pero las mujeres activas de 76 años en nuestro estudio avanzaron hacia la demencia a unos 80 km/h.” Caminar y otras actividades suaves les aseguró 5 años de mejor capacidad cognitiva.

 

Mantener la capacidad mental

“Si pudiéramos alejar la aparición de la demencia 5, 10 o más años, cambiaríamos la dinámica del envejecimiento”, sostuvo el doctor Eric Larson, vicepresidente de investigación del Group Health Research Institute, de Seattle, y autor de un artículo editorial sobre los dos estudios. “Nadie quiere perder su capacidad mental”, agregó. De modo que el creciente cuerpo de pruebas científicas de la relación entre la actividad física y una mejor función cognitiva “es una llamada de atención. Tenemos que encontrar la forma de que todos se muevan”.

Eso es justamente lo que hace tan atractivo un estudio publicado este mes en Neurobiology of Aging. Para aquellos a los que no los enloquece la idea de caminar o arreglar el jardín, un equipo de la Universidad de Columbia Británica y de otras instituciones demostró por primera vez que el entrenamiento suave con pesas mejoró la capacidad de razonar y el flujo sanguíneo de un grupo de mujeres.

Tras 12 meses de levantar pesas dos veces por semana, las participantes rendían significativamente mejor en las pruebas de capacidad de procesamiento mental que un grupo (control) de mujeres que habían realizado un programa para mejorar el equilibrio y el tono muscular. Imágenes por resonancia magnética funcional revelaron que las zonas del cerebro que controlan el pensamiento permanecían más activas en el grupo que había hecho pesas.

“No estamos tratando demostrar que levantar pesas es mejor que la actividad aeróbica” para retrasar el deterioro cognitivo, indicó Teresa Liu-Ambrose, autora principal del estudio. “Pero sí que existe una opción viable. Si las personas la disfrutan, como lo hicieron nuestras participantes, entonces muchos más podríamos, potencialmente, retrasar el deterioro mental hasta mucho más avanzada la vida.”

 

 

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar


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